Todos los sectores populares, de trabajadores sindicalizados y otros sin empleo formal, organizados como movimiento social o territorial, deben dejar de lado la lógica de la Carpa Blanca, la Marcha Federal, la “resistencia al ajuste”. No sólo los maestros. El 2001 quedó atrás, también sus categorías para analizarlo. La antipolítica ya no es más una respuesta posible. Urge alcanzar un nuevo acuerdo entre los argentinos, el nuevo Estado que surja de él, quizás un nuevo marco normativo que exprese el formidable cambio que viene operando en el país, tal como lo reclamara Cristina en Huracán en marzo del año pasado
Los versos de Fabián Casas resultan hoy un buen acercamiento para quien quiera leer en clave poética lo que nos pasó a los argentinos durante el menemato. Pero concluidos los años noventa, así como están no sirven más. En esta parte sur del mundo, tan dolorida de injusticias, la necesidad de “matar a los padres” y nacer a lo nuevo no es un asunto de vanguardias literarias, sino un mandato de la historia. No hay otro modo de ser y vivir. Vamos a comer Fabián Casas.
Un fantasma recorre el habitual sosiego de la derecha: las variaciones en el terreno simbólico, que incluyen el relato de la Historia, su expresión en el nuevo calendario de feriados nacionales, y los sintomáticos nombramientos de jóvenes en departamentos neurálgicos del Estado. El segmento social dominante no desconoce que allí se define la gran batalla del futuro.
Al conocer a la presidenta, la ex fiscal Caamaño dijo que Cristina le había dicho que la “bala que mató a Mariano [Ferreyra] le rozó el corazón a Néstor”. Donde esté, el santacruceño podrá ahora descansar en paz.
Debemos ser hombres y mujeres de nuestras circunstancias, comprometidos con nuestra propia transformación y superación personal, sin pretender nada para sí y todo en función del colectivo social e histórico que componemos.
Cuanto más duro y difícil se le haga, más cuesta abajo en la pendiente, más sola y débil parezca, hipotensa, afónica, más néctar saldrá de esta mujer. El pueblo, simplemente, la acompaña. Su silencio es un grito dulce golpeando contra las ventanas del Hospital Austral.
Las milanesas son populares sólo en el precio. No tienen grasa en cantidad y no son nervios los que llenan su peso. Si bien cortadas muy finitas, al no ser excesivamente abundante su muy condimentada cobertura de pan rallado, convencen.
¿Qué te pasa, sur, que llueve cáncer en pleno capricornio?